sábado, 19 de marzo de 2011

LA ENERGIA NUCLEAR, LOS TERREMOTOS NO ENTIENDEN DE PUEBLOS RICOS, PUEBLOS POBRES.

Dicen que la muerte nos iguala a todos. Bien, pues en este caso, la energía nuclear y la naturaleza iguala a pobres y a ricos, a paises desarrollados y subdesarrollados, al primer mundo y al último mundo, donde no llega ni la "humanidad".
LLoramos mucho delante de las pantallas del televisor viendo el desastre de Haiti, pero casi no nos acordábamos y zass, Japón. Entre Japón y Haiti hay muy pocas cosas en común, bueno, lo que tienen en común es que en ellos viven gente, niños, mujeres, hombres, personas.
La energía nuclear y su rastro de radiactividad planea sobre la población japonesa. Quizás nunca nos den las cifras oficiales. Demasiados intereses.
Sobre Haiti planea la pobreza, el hambre y otro tipo de enfermedades muy distintas a las que provoca la radioactividad.
No somos más que pequeños signos de interrogación colgados en el universo como estrellitas diminutas que se encienden y se apagan. Dios es la única cosa que puede consolarnos de esta tristeza de estar en manos de una ola gigante, de una placa tectónica, de un incendio, o de algo tan antinatural como una central nuclear creada por el hombre.
Deberíamos liberarnos de la tiranía de las cosas que pueden dañar nuestra especie, y que hemos creado nosotros mismo. ¿No hay bastante con las causas naturales?, ¿No hay bastante con el sufrimiento de los débiles?.

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