Ayer volvíamos a abrir dos botellas de las escasas 200 y pico que hemos hecho este año, y me volvía a emocionar.
Cada día que pasa y se asienta en botella descubres una nueva cosa en este vino.
Pero en la boca tengo todavía el gusto del hinojo y el gusto del vino, y ya han pasado ocho horas.
Un vino cuyo retrogusto dura ocho horas y que persiste ocho horas en la boca, es un gran vino.
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